La reconciliación es la restauración de la armonía después de
un conflicto entre dos o más partes. En
un terreno del alma sería pues restablecer tu paz interna, después de haber tenido un conflicto entre opuestos duales, es
decir, haber reconciliado los extremos, de cualquier situación, integrándolos,
para llegar a una visión más elevada, y en unidad.
Para que una verdadera reconciliación sea posible, debemos tomar
responsabilidad de todo lo que hemos
creado, comprendiendo que todo aquello en lo que creemos, nuestros juicios, y
miedos, manifiestan externamente nuestra
experiencia de vida. Si creemos en la
Injusticia, lo veremos manifestarse externamente en nuestra sociedad, entorno
laboral, familia, y todo aquello que sea nuestro foco de acción, incluyendo las
instituciones religiosas, políticas, de salud, etc. Cada colectivo, manifiesta en su realidad, todo aquello que hace parte
de sus juicios y creencias. Sólo si en
algún momento llegamos a empoderarnos, y darnos cuenta de lo que hemos creado,
podremos permitirnos una reconciliación
interna, que nos ayudará a experimentar: Una liberación
auténtica, y una presencia absoluta.
Una liberación auténtica porque
solo la verdad puede hacernos libres, y al reconocernos creadores, gracias a nuestra herencia
divina, y al hacernos responsables de nuestras creaciones, podremos reconocer a los demás como una proyección de nuestras creencias, y entonces elegiremos perdonarnos por
las personas, y situaciones que hemos juzgado. Hablo de un perdón honesto, que proviene del amarte
incondicionalmente, en donde eres consciente que
todo lo que has elegido y juzgado, ha sido un paso para trascender, y
que no habrías podido hacerlo de mejor forma, con las herramientas que tenías, y eso te
llevará a honrar la diversidad, sabiendo que los otros te han apoyado en la comprensión de tu realidad. Y esto
amigos, es en extremo liberador.
Una Presencia absoluta, porque cuando el alma
está libre de conflictos duales, y ha liberado culpas, vergüenzas, ira, dudas, vacíos, la mente no se perderá en
divagaciones, y lo único que queda es rendirte al ahora, a disfrutar lo que
atraes a ti en cada instante, sin más remordimientos por el pasado, o más
ansiedades por el futuro, porque también sabes que el futuro es creado en este
instante, y que su armonía dependerá de haberte librado de todos los obstáculos
que no te permitían fluir. Muchos nos
hablan por estos tiempos de Presencia, y nos dicen que la única forma de
experimentar mayor alegría es estar en el Ahora, pero la verdad es que por
mucho que uno quiera enfocarse
plenamente, creo que difícilmente será posible si no has experimentado una profunda
reconciliación contigo mismo.
Reconciliación, es mi palabra
favorita para el 2013, al menos para su primer trimestre pues ha sido un tiempo
de restaurar profundamente mi armonía. Pero ¿qué significa experimentar una verdadera reconciliación? Este año he podido experimentar las emociones como nunca antes, y por lo que he leído es algo que está sucediendo en todo el colectivo. En mi caso, las emociones han cavado en lo profundo, pues sin proponérmelo, he tenido muchos instantes en que ciertas situaciones y recuerdos emergen de la nada, y he necesitado ponerme en contacto con la emoción presente allí, liberando la posible tristeza, o ira, u otra emoción allí retendida, abrazándola, y comprendiendo que no hubiera podido ser de otro modo, y que todo lo experimentado ha sido necesario para llegar a ser quienes somos ahora. Aunque eso es algo que muchos hemos hecho en cada situación dual que se nos ha presentado, la experiencia de reconciliación ha sido más completa, como consecuencia de la apertura de nuestros corazónes, por lo que nos hemos permitido liberar plenamente todas las emociones, abrazándolas, comprendiéndolas, y agradeciendo por lo que somos hoy día gracias a esa experiencia. La reconciliación siempre es con uno mismo, porque sabes que eres responsable de lo que se manifiesta en tu vida, y el otro es sólo un reflejo. Así que aunque, en algunos casos he podido sentir la emoción de la otra persona involucrada, he podido soltar cualquier sentimiento de culpa allí presente, reconociendo que es una experiencia que hemos elegido ambos a nivel inconsciente, y sólo puedo sentir agradecimiento hacia ese otro ser, y hacia mi misma. Éste ha sido un año de abundante armonización en mi vida personal y con las
instituciones que hacen parte de mi entorno más cercano, y también los más
lejanos.
Al comenzar el año, por ejemplo,
llegué a sentir en extremo el dolor de una madre, que era yo misma en otra
realidad, por haber abandonado a su hijo.
Este es un proceso que me ha acompañado durante algunos años, y que me
hicieron comprender mi forma de relacionarme con mis parejas, la huella de
abandono que traje para experimentar en esta realidad, y que he podido
trascender, y muchas otras cosas. Y aunque siempre reconocí que es una herida
que también traje en esta realidad, sólo este año, al experimentar profundamente
el dolor de esa madre, y sentirlo como mío, en una experiencia de casi dos
días, me di cuenta lo profundamente arraigada
que permanecía en mi el sentimiento de culpa, por algo aparentemente fuera de
mi control, y que, de alguna forma, supongo que no me hacía sentir merecedora de atraer una completa
felicidad a mi vida. Pues bien, al
sentir ese dolor cercano de mi otro yo, en otra realidad, pedí a mi ser interno
que me diera claridad, y supe que tenía que reconciliarme más aun con esa
situación. Me integré a esa otra parte
de mí, diciéndole que no había nada que hubiera podido hacer para cambiar esa
situación, estando en dualidad, y aunque
no conozco el contexto, por lo cual sucedieron las cosas, si sentí su dolor, y
sé que si hubiera tenido en sus manos evitar que todo fuera diferente, no
hubiera cargado con esa pena, que aún le agobiaba en su corazón. Le dije que además todo era parte de un
acuerdo previo, en el cual se sacrificó para que su hijo pudiera experimentar
el arquetipo del niño abandonado, y a su vez ella pudiera reconciliarse con su
culpa, y que su hijo más que perdonarla, le agradecería, pero para eso tendía que lograr un perdón
auténtico en su corazón consigo misma. Pero eso me lo decía también a mí misma,
con convicción, con fe, con amor, y de allí en adelante sentí una liberación que
difícilmente podría llegar a explicarles.
Pero fue importante permitir, a través de la apertura de mi corazón, que saliera completamente el dolor que sin saber estaba oculto. También fue el inicio para experimentar posteriores
reconciliaciones.
Otra de las situaciones que vi
manifestarse en espejos a mi alrededor, fueron con respecto a adicciones de
drogas y sexuales. Tuve la oportunidad
de interiorizar en ellos, y aunque años atrás ante esos espejos hubiera tenido
una consideración imprecisa, por estas personas, producto de mi creencia en que no
han podido manejar su dolor interno, sus vacíos, sus sentimientos de vivir en
un mundo de separación, de desigualdad, hoy en día puedo ir más allá, tomar mi
responsabilidad, y ver que es algo que
hemos creado como reflejo externo, para
profundizar en nuestros miedos, represiones, y tabúes, y se
manifiestan externamente a través de personas que se revelan ante tanta
represión, control, e hipocresía. Pero
mis reconciliaciones se han extendido también a las instituciones.
Y claro, un año que comienza con
tantos movimientos importantes, como lo han sido las críticas a la Iglesia
Católica, y posterior elección de un nuevo Papa, la próxima elección
presidencial de nuestro vecino país Venezuela, los intentos de alcanzar la paz de Colombia,
país que me vio crecer, los conflictos en Corea, los problemas que han tenido
la monarquía en el Reino Unido y España, entre otras, han enfocado mi
atención, y mi necesidad de
reconciliación, comprendiendo que hemos sido nosotros con nuestras creencias
que hemos proyectado esas instituciones, tal y como son ahora, y que al
perdonarnos profundamente, y tomar la rienda de nuestras creaciones de aquí en
adelante, podremos ver manifestarse con mayor armonía, dependiendo de las
creencias que decidamos seguir sustentando.
Después de las críticas que se
desataron en la Iglesia católica, tras la renuncia del Papa, tema que está
expresado hermosamente en el artículo Habemus Papam, de Daniel Jacob, y que les
recomiendo leer, y que pueden hallar en este blog, con la nueva elección del primer
Papa Latino, Francisco, sentía una enorme alegría en mi
corazón, aún antes de saber quién sería designado, pues sentía que el
cambio era inminente, así como necesario, para darle paso a una nueva energía
que estamos manifestando. Mi hijo me
decía, sin comprender, mami a que se debe tanta alegría si no vas ni a
misa. Y si, aunque nací en un hogar
católico, con el tiempo todo aquello que veía reflejarse en las instituciones,
y especialmente en la Iglesia, me hicieron apartarme de ella. En ese momento no
entendía que la Iglesia, solo es el reflejo
de todo aquello que hemos creado, al creer en la desigualdad, en la avaricia,
en el abuso, en la conspiración. Además muchos abusamos, somos avaros,
conspiramos, luego hemos creado con nuestra proyección estas instituciones, por
lo que somos, y por lo que hemos decidido creer. Luego entonces sentí que era
un momento para perdonarme, tomando responsabilidad por todo
aquello que he creado a partir de mis creencias duales, y pedí a mí ser
superior que iluminara los nuevos caminos, con mayor armonía, de aquí en
adelante. No quiere decir con esto que vuelva a la Iglesia, porque mi preferencia es el Amor y la Unidad como religión, pero si quiere decir que experimenté una profunda reconciliación con ella. Y así fue para los gobiernos, para
las monarquías, para nuestras creencias en separación, etc.
Otra de las reconciliaciones que
tuve fue con mis creencias de violencia, aunque ya era algo que comprendía hace
algunos años, hace pocos días tuve un sueño, que me permitió profundizar para
lograr una mayor liberación interna. En el sueño un hombre maltrataba
terriblemente a un adolescente, no supe si era su hijo, pero yo lo estaba observando,
y sentí que el terror me invadía. Pronto desperté angustiada, por lo que
había estado presenciando. El temor a la
violencia, me acompañó durante mucho tiempo, no podía ver situaciones en
las que alguien alzara la voz, porque me desestabilizaba enormemente,
y me invadía el terror, por lo cual se que una de mis creencias más arraigadas
fue creer en la violencia, y por lo tanto ayudé con mi colectivo a que se
manifestara externamente, en el país en el que vivo, a través de los extremos
que hoy día están buscando una conciliación con el gobierno: Por estos días se habla mucho de diálogos con la izquierda en nuestro país, y por lo
tanto supe que tenía que reconciliarme internamente
, con respecto a las creencias de violencia y separación. Los acontecimientos de Corea, son
también sucesos que evidencian nuestros miedos a la inminente Guerra.
Este 2013, ha mostrado, para mi percepción, ser un año de mucho
movimiento, por lo cual deberíamos estar muy pendientes y presentes de lo que
hemos estado creando, para reconciliarnos y crear un nuevo escenario. Hoy creo
y defiendo que la Paz es Posible, y como dice una campaña que apoya la reconciliación en Colombia:
#MiAporteEsCreer. La reconciliación es
posible, y hoy en día es de lo que se alimenta mi fe. Recuerden, que vivimos en
un mundo multidimensional, con infinitas posibilidades, y en donde se enfoque
nuestra atención, allí se irá moviendo nuestra realidad. ¿Qué elegirás tu?