Nuestra imposibilidad de ser auténticos, algunas veces ha sido condicionado por el entorno inmediato en el que vivimos, llámese país, ciudad, trabajo, asociación, escuela, comunidad, iglesia, etc.
En la ciudad en la cual crecí, se utiliza el término "espantajopo" para las personas que presumen de una forma exagerada y extravagante de lo que no tienen; pero aunque haya un porcentaje alto de estos sujetos, se podría decir que el gran común de los que aquí habitamos somos fanfarrones en menor o mayor medida, teniendo medios económicos, o sin tenerlos. Aunque bromeamos con ese estereotipo, muy pocos se han puesto a pensar detenidamente cual es su origen. Es muy difícil comprender, para los que no viven en Colombia, pero somos un país que ha sido dividido por estratos económicos, inclusive formalmente en los recibos públicos y para liquidaciones de impuestos, y otros. Esta división se extendió a nivel social, diferenciando a la gente en clases sociales altas, medias, o bajas.
Por absurdo que parece, esta forma de separación logró que las generaciones que nos precedieron educaban a sus hijos con ideas de ser personas de alta alcurnia, de tener cuidado con quien se relacionaban, en muchos casos pretendiendo una superioridad moral, ética, y educativa; aunque esto último en gran medida cierto, por las facilidades que tiene, este sector, para acceder a sistemas privados buenos de educación, y lastimosamente la educación pública, en nuestro país, no ha sido de buena calidad, aunque esté mejorando. Por este motivo, a los denominados individuos que viven en estratos económicos bajos, se les dificulta progresar y ascender en los trabajos, pertenecer a ciertas asociaciones, y esto hace que muchos busquen ser aceptados, pretendiendo ser lo que no son, con el afán de progresar a nivel económico y social. Debido a un condicionamiento externo necesitan aprobación, sentir que pertenecen, aunque para ello dejen de ser ellos mismos, y tengan que apartar, en algunos casos, a la familia y amigos, porque los acompaña la vergüenza de su condición económica, y social
Aunque se creería que es aislado, realmente involucra a todas las clases sociales por igual, pues cada generación siempre ha buscado ser más abundante que la que la anterior. Y es así como muchas familias educaban a sus hijos para superarse, aunque para esto tuviera que aprobar con quien se podían relacionar, y emparejar. Son muchos los prejuicios que como sociedad hemos tenido. Ha sido hasta mi generación, tal vez, cuando empezamos a no creernos estas distinciones; y afortunadamente nuestros hijos, en una gran mayoría, no adoptan esos juicios arraigados. Pero lo cierto, es que la presunción, en alguna medida, habita en gran parte de la población; esa falta de autoestima, esa necesidad de no ser rechazados nos lleva a perder transparencia, a no ser auténticos.
Cuan absurdo suena todo esto, pero que valiosa experiencia para los individuos que eligieron inconscientemente transformar sus necesidades de aprobación, encaminándose a la posibilidad de ser ellos mismos, y a valorar su libertad. Con esa claridad y consciencia que el ser logra, al transitar este camino, no le quedará más sino crear una realidad acorde a su esencia de amor, sin que una comunidad le condicione a vivir su vida según sus lineamientos. Elegirá el camino del corazón, amándose a si mismo, y de este modo, por ley de atracción, no tendrá que vivir más experiencias de separación. Se dará cuenta de la ilusión que creó con sus juicios, las cuales proyectó externamente, y por medio de una sanación, en la que mira las cosas desde una perspectiva mas elevada, sin juzgarse, ni juzgar a otros, toma responsabilidad de lo que el mismo atrajo inconscientemente, para transformarlo, y agradece a todos los que participaron en la experiencia de dualidad, porque gracias a ello se reencontró con su verdadera esencia de amor, y su libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario