En estos tiempos, percibiendo un mundo en confinamiento por la pandemia, hemos notado que nuestras emociones han estado en el límite. El estrés, el miedo nos ha permitido darnos cuenta de todo lo que cargamos en nuestro interior; nos ha permitido ver el dolor, la ira, la tristeza, el miedo, nuestro, heredado, y del colectivo.
Puedes haber vivido recientemente situaciones en las que te encuentras discutiendo por algo insignificante con alguien a quien aprecias mucho, y ésto te llevará a darte cuenta que procede de tus miedos más arraigados, tal vez de la necesidad de control, de tu imposibilidad de pedir ayuda cuando es necesaria, o tu falta de claridad, al no expresar lo que sientes, o cualquier otra densidad que aparece para finalmente disolverse.
SI has pasado por estas emociones no las juzgues, antes, al contrario te sugiero que las bendigas, han salido a la luz finalmente para que te des cuenta que no debes seguir identificandote con eso que no eres. Tal vez por miedo a la soledad, o a no ser aceptado, decidiste inconscientemente agradar a los seres que amabas, y te alejaste de quién realmente eres, un ser único, y divino.
Estos eventos te están llamando a empoderarte, a descubrir que si alguna vez te perdiste al apegarte a tus posesiones, a personas, o a lo que crees que eres, y con lo que te has identificado en esta vida, tanto como para alejarte de tu verdadera esencia, hoy puedes dejarlo ir, y elegir ir a tu interior para descubrir que no eres eso, que eres un ser infinito lleno de amor, y que la seguridad, y el amor que has estado buscando solo puedes encontrarlo dentro de ti, sintiendo tu presencia divina, expandiendo el concepto que tienes de ti.
Ahora puedes decidir dejar ir los miedos, la necesidad de control, la ilusión de sacrificio y responsabilidad por los demás; así que cuando aparezcan esas emociones bendícelas pues te están ayudando a despojarte de una densidad que llevas contigo y no te pertenece.
Experimenta el amor que eres, aún en medio de los miedos, y ellos se disolverán, no tendrás que juzgarlos, ni pensar en cómo desintegrarlos, solo abrazarlos, observarlos, agradecerles porque fueron útiles para tu experiencia de vida, y siguen siendo útiles en el ahora para expandir tu concepto de ti mismo; y ahora déjalos ir, sin darles enfoque, ahora centrado en la belleza, en irradiar al mundo el resplandor que eres.
Elige en qué mundo quieres estar, y cuál es tu regalo único para él. Elige que es lo que enciende tu llama interna y hazlo. ¿Acaso es la música, el baile, irradiar amor, ternura a otros? Permite que lo que sientes esté en sincronía con lo que piensas, y haces. Ahora que sabes lo que enciende tu llama, mantenla encendida, pues eso disolverá cualquier rastro de emoción que no te pertenece, y te encontrarás experimentando en un nuevo mundo en unidad, lleno de Amor, bondad, luz, alegría, y ya no percibirás más un mundo en desintegración.
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