2020 fue un año de enfrentar las sombras, y de ver nuestras peores o impensables pesadillas haciéndose realidad en nuestra percepción; nos visitó el miedo a la muerte y a la
pérdida, a lo que nos depararía el
futuro en la salud, en las finanzas, en la vida misma, personal y colectiva.
Con el caos fuimos percibiendo cómo se iba derrumbando todo lo que no servía más para un propósito superior, a nivel personal y
colectivo; por lo cual se fueron liberando uno a uno prejuicios, creencias, estereotipos, y fuimos ganando en compasión, solidaridad, unión, interés por los otros, y solidaridad; fuimos ganando en presencia, conexión con la naturaleza, los animales, y todos los seres vivos, contemplación, integración,
reconocimiento de nuestro ser esencial, introspección. Ya nada podrá ser igual,
los sistemas se están derrumbando, así como internamente nos sucede: como es adentro es
afuera. En adelante hay que pensar en el bien común de todos como colectivo, y en cuidar al planeta y todos sus seres vivos, pues todos estamos conectados y somos uno, y eso lo hemos ido comprendiendo.
En lo personal este fue un año de liberar del todo los traumas derivados de creencias en la pérdida, reconocer mi ser esencial y mi potencial, de soltar el control y evitar las
interferencias aunque sean nuestros familiares más queridos, permitiendo a cada
uno empoderarse de acuerdo a su ritmo y necesidad.
Fue un año para muchos de soltar el control, la razón, la acción, los debería, y seguir al
corazón. Decidimos rendirnos, siendo más como niños libres, inocentes, creativos, y dueños de una imaginación sublime en la que no existe el no es posible. Fue un año en el que ganamos en confianza, coraje y de amarse a sí mismos; fue un ciclo de perdonarse, aceptarse, y eso nos dio la posibilidad de perdonar, aceptar, y amar mejor
a los demás, y ser por lo tanto más compasivos, y tolerantes. De igual forma se nos permitió liberarnos de culpas y asumir responsabilidades. 2020 fue un año que nos dio la
posibilidad de identificar nuestras prioridades escogiendo a nuestra familia,
a nuestros amigos cercanos, la salud, el experimentar la vida desde la simplicidad, antes que cualquier deseo del ego; se soltaron las
vanidades y presunciones y se aprendió a ser más honesto con uno mismo y
nuestros deseos del corazón.
Este fue un año de soltar miedos, heridas ancestrales y dimensionales, de liberar creencias limitantes, expectativas, estereotipos, miedos, juicios, creencias de separación, para ser transmutadas en amor y fe. Fue un año de valorar la vida, la familia, la libertad de ser uno mismo, y enfocarse en la paz
interna que proviene del reconocimiento de nuestro ser esencial, al cual accedemos a
través de la plena presencia y conexión con uno mismo. Un año de aprender a
enfocarse en lo positivo y apartarse de las ilusiones que nos planteaba el
mundo dual. Liberación y restauración son dos palabras que resumen bien lo que vamos dejando atrás: renovación interior, física, mental y espiritual. En 2020 tuvimos una mayor alineación de lo que creemos, pensamos, actuamos y sentimos, ganando así en presencia y paz interior. Recordamos ser más agradecidos, desarrollamos la sensibilidad por los otros, el sentido de unidad, la serenidad en medio de todo lo percibido. Comprendimos que debíamos conectarnos a los demás desde el amor propio, el apoyo al otro, que no requiere de ver cumplidas expectativas, manipulaciones, apegos al drama, reproches y otros obstáculos que impiden el libre flujo del amor incondicional
R
En el 2020 nos reinventamos, fue un año de dejar la lucha por sobrevivir y abrir nuevos caminos y oportunidades; desarrollamos creatividad, descubrimos nuevas pasiones, y las seguimos, planeamos trabajos más afines a nuestras almas, decidimos ser soberanos, y volver al flujo y ritmo natural que habíamos perdido desde que callamos a nuestro niño interno, comprendiendo lo importante que es mantener nuestra frecuencia de gozo.
Valoramos la existencia, la importancia de experimentar la vida por encima de la lucha
insaciable por lo material. Descubrimos que al desligarnos de esta lucha, y apoyados en la fe de nuestra herencia divina, el universo nos brindará todo lo que necesitamos. Muchos descubrimos que todo está dentro nuestro, con nuestra fe y reconocimiento generamos la fuente con la que podemos crear abundancia, paz, amor, salud.
En el 2020 valoramos la tierra, y todos los
seres vivos que existen sobre ella, centrándonos en construir y no destruir. Fue un año que nos dio la posibilidad de ver la vida desde una perspectiva más
elevada, y nos apoyó para expresar nuestra verdadera esencia, para escucharnos más, y confiar en nosotros mismos. Fue un año en el que aprendimos a estar en
silencio y más conectados, aumentó nuestra esperanza, y supimos reconocer los
actos de bondad a pesar del aparente caos.
Fue un año de despertar, de alinearse con la paz,
la bondad, la belleza, el amor, la unidad. Aprendimos a brillar para expandir
al mundo nuestro amor. Hoy agradezco todo lo vivido, y a los que me acompañaron en esta aventura, desde cerca y desde lejos. Recibo con gozo y apertura este nuevo año
para experimentar mi renovación, y deseo para mis familiares, amigos y toda la humanidad que sea un nuevo año para manifestar su ser renovado, en paz, amor y unidad.
¡FELIZ AÑO NUEVO, BIENVENIDO 2021!
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